La Expedición Imperial Transantártica – Parte 2

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Siguiendo con la historia, en esta columna te contaremos sobre la planificación, viaje, naufragio y asentamiento en la isla Elefante de los miembros de la Expedición Imperial Transantártica, de Sir Ernest Shackleton. Si leíste la columna anterior ya tienes una noción de la epopeya que vivieron los exploradores al mando de Sir Ernest Shackleton pero no conoces detalles notables de la experiencia vivida en uno de los lugares más inhóspitos del planeta.

Después del regreso de la Expedición Nimrod de 1907 – 1909, que logró llegar al punto más austral que se había conocido, en la latitud 88º23’S a sólo 180 kms del Polo Sur, Sir Ernest Shackleton estaba buscando un nuevo objetivo, el Polo Sur había sido conquistado por el noruego Roald Amundsen y luego Robert Falcon Scott también logró alcanzarlo pocos días más tarde así que había que buscar un nuevo desafío para la exploración. Es así como Shackleton ideó esta expedición que haría el viaje transcontinental de 2.900 kilómetros desde Bahía de Vahsel en el Mar de Wedell hasta el Estrecho de McMurdo en el Mar de Ross. La expedición sería planificada para ser llevada a cabo por dos embarcaciones, el Endurance que llevaría al equipo que haría la travesía transcontinental, y el Aurora que instalaría almacenes de supervivencia en determinadas coordenadas por donde pasaría el equipo que haría la travesía porque sólo llevaban víveres y pertrechos para llegar a los pies del glaciar Beardmore y hacer los últimos 640 kms de camino hasta el Mar de Ross.

El financiamiento lo consiguió a través de fondos del gobierno, la Royal Geographic Society y algunos patrocinadores ricos como Dudley Docker, Janet Stancomb-Wills y el industrial escocés James Caird. Con parte de esos fondos Shackleton compró el Endurance (originalmente se llamaba Polaris) y el Aurora pero de todas formas éstos fueron escasos, no hay claridad del total recaudado por Shackleton debido a que el aporte de Stancomb-Wills nunca fue revelado.

La tripulación de ambas embarcaciones fue cuidadosamente seleccionada luego de que llegaran más de 5.000 postulantes a participar de esta épica aventura. “La leyenda” cuenta que Shackleton publicó un aviso en varios diarios de la época en los cuales decía lo siguiente:

“Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”.

Luego de ir, durante mi último viaje a isla Madre de Dios, a la exposición que el casino Dreams de Punta Arenas montó para conmemorar los 100 años del rescate de Shackleton y sus hombres descubrí que el cuento del aviso en los diarios no era cierto, al menos el texto que se ha hecho famoso, al parecer no es el aviso real que puso Shackleton en los diarios de la época.

Luego del largo proceso de selección quedó como capitán del Endurance, Frank Worsley. El Aurora en tanto, fue capitaneado por Aeneas Mackintosh. La tripulación de ambas embarcaciones la completaban otros 54 hombres en total, entre ellos el fotógrafo Frank Hurley, el biólogo Robert Clark, el físico Reginald James, el meteorólogo Leonard Hussey, el geólogo James Wordie y los cirujanos Alexander Macklin y James McIlroy.

En ese momento estaba a punto de estallar la Primera Guerra Mundial y ante la inminente participación de Inglaterra, Shackleton ofreció su tripulación y sus embarcaciones al Primer Ministro Winston Churchill quien le respondió con un corto mensaje: “Procedan”

El Endurance finalmente zarpó desde Plymouth el 8 de agosto de 1914, hizo una corta escala en Buenos Aires y de ahí estuvo un mes en Grytviken, Georgia del Sur para zarpar definitivamente a la aventura el día 5 de diciembre de 1914. A los dos días de navegación, Shackleton se sorprendió al encontrar témpanos muy al norte forzando el barco a maniobrar, recién estaban en la latitud 57º26’S y quedaba mucho camino por recorrer. Los días siguientes fueron cada vez más complicados hasta que el día 14 de diciembre el barco fue detenido completamente por la gruesa capa de hielo durante 24 horas. Tres días después el barco se detenía nuevamente. Shackleton contaría en sus memorias que se “había preparado para condiciones difíciles en el mar de Wedell, pero contaba con que los bloques estarían más libres. Lo que nos estábamos encontrando era hielo bastante denso y de un carácter obstinado”. El avance se retrasaba por las frecuentes paradas pero el Endurance pudo continuar sin detenerse hasta el 22 de diciembre y de ahí avanzaron con ciertos retrasos hasta el 17 de enero. Llegaron hasta los 76º27’S donde tuvieron que refugiarse. Ya estaban cerca de bahía Vahsel pero al día siguiente el barco derivó cerca de 23 kilómetros hacia el oeste, navegaron un poco más hacia el sur y se detuvieron totalmente en la posición 76º34’S, 31º30’W. Muy pronto, a pesar de los esfuerzos para liberarlo, quedó claro que el Endurance había quedado atrapado en el hielo. El 14 de febrero Shackleton ordenó a la tripulación cortar el hielo con cinceles, sierras y picotas para abrir camino pero el hielo estaba muy grueso y Shackleton empezó a hacerse la idea de tener que pasar el invierno sobre los témpanos antárticos.

El 24 de febrero, con el barco derivando hacia el norte atrapado entre los témpanos, por orden de Shackleton la tripulación dejó la rutina de barco de lado, los perros que arrastrarían los trineos fueron desembarcados y el interior del barco fue adaptado para ser utilizado por los diferentes grupos que componían la tripulación como los científicos, oficiales, tripulantes, ingenieros y marineros. Shackleton pensaba que existían posibilidades de que el barco se liberara una vez habiendo derivado lo suficiente hacia el norte y creía que podría hacer un nuevo intento por alcanzar bahía Vahsel durante la primavera antártica de 1915. Durante los primeros meses la deriva del hielo fue muy baja y para finales de marzo sólo se habían desplazado 155 kilómetros pero durante los meses de invierno la velocidad fue mayor. Shackleton calculaba que el barco estaría atrapado como mínimo cuatro meses más y eso le hacía pensar que difícilmente podría hacer un nuevo intento por alcanzar bahía Vahsel. Había que buscar un lugar de desembarco alternativo pero sin que éste apareciera sólo quedaba esperar.

Durante los meses de invierno la principal tarea de Shackleton fue mantener la moral de la tripulación con diversas actividades, ésta sería una de las grandes labores del explorador ya que organizaba partidos de fútbol, carreras de perros en el hielo y por las noches diferentes obras de teatro. También trataba de mantener a todo el grupo en buena forma física con rutinas de entrenamiento.

Entre el 22 de julio y el 1º de agosto ocurrieron las primeras señales de que el hielo se rompía y la presión de los témpanos empezó a escorar peligrosamente el barco hacia babor. Shackleton escribiría que “el efecto de la presión a nuestro alrededor era impresionante. Inmensos bloques de hielo se levantaban lentamente hasta que saltaban como husos de cereza aplastados entre los dedos […] si alguna vez el barco quedara atrapado firmemente, su destino estaría marcado”. Por suerte para los expedicionarios el peligro pasó y las siguientes semanas fueron tranquilas. Para el 24 de octubre el lado de estribor quedó presionado por un gran témpano, la presión sobre el casco de la nave aumentaba hasta el punto en que éste empezó a astillarse y el agua empezó a entrar al barco. Los tripulantes describen el ruido del momento en que el costillar del barco se rompió como “un ruido terrorífico, como de fuegos artificiales o explosión de armas”. En ese momento hubo que desembarcar los suministros y los tres botes salvavidas mientras un grupo trataba de bombear el agua fuera del barco pero el 27 de octubre, Shackleton se vio obligado a dar la orden de desembarcar el Endurance. Los siguientes días podrían desembarcar las cámaras de Hurley y una selección de las 150 mejores fotos, 300 fueron abandonadas en la nave. También pudieron desembarcar una buena cantidad de suministros y materiales que les servirían para enfocarse en la supervivencia, el viaje transantártico no sería posible de completar.

Al abandonar el barco la tripulación comenzó una penosa marcha por la superficie del hielo, la cual, por la presión de los témpanos se hacía muy difícil y lenta considerando que arrastraban los botes salvavidas cargados con los suministros necesarios para sobrevivir sobre el hielo y alcanzar el campamento de la expedición sueca de 1902-1904 de Otto Nordenskiöld donde encontrarían las provisiones de emergencia. Otra opción era llegar a isla Paulet que tenía un importante almacén de alimentos de acuerdo a los registros que manejaba Shackleton. El 1º de noviembre el grupo se detuvo, y en conjunto con Wild o Worsley, el líder de la expedición decidió levantar campamento y esperar la ruptura de los témpanos. A este campamento lo llamarían Campo Océano. El Endurance había quedado a una corta distancia, la cual aprovecharon para ir recuperando los suministros abandonados hasta que el día 21 de noviembre el barco finalmente se hundió bajo el hielo. El día 23 de diciembre el grupo levantaría campamento para tratar de acortar el trayecto que sería necesario navegar hasta isla Paulet pero las temperaturas más altas impedían el avance, ahora porque al andar los náufragos se hundían hasta las rodillas haciendo imposible mover los botes salvavidas. Esta marcha se detuvo el día 27 de diciembre y por orden de Shackleton nuevamente levantaron campamento, al cual nombraron “Campo de la Paciencia” y que sería su hogar durante los próximos tres meses. Con los días hicieron varios viajes al Campo Océano para recuperar suministros y uno de los botes salvavidas que habían abandonado para alivianar la carga cuando decidieron marchar. La escasez de alimentos poco a poco se iba haciendo crítica y la carne de foca se volvió un alimento de primera necesidad, los perros fueron muriendo por enfermedades y accidentes pero éstos tuvieron que ser sacrificados porque comían mucha carne de foca. La deriva los había dejado fuera del alcance de isla Paulet y Shackleton tendría que idear un nuevo plan de escape. Ahora las esperanzas se basaban en alcanzar la isla Clarence y la isla Elefante que estaban 160 kilómetros al norte de su posición. Otra alternativa sería la isla Decepción que estaba lejos hacia el oeste pero Shackleton pensaba alcanzarla saltando islas, él pensaba que era una mejor opción porque a esa isla llegaban balleneros y era probable que encontraran provisiones. Independiente del destino que eligieran, el viaje en los botes salvavidas sería extremadamente peligroso. Antes del quiebre de los hielos y de empezar la travesía, bautizaron los botes con el nombre de los principales financistas de la expedición: James Caird, Dudley Docker y Stancomb Wills.

El 8 de abril el hielo alrededor del campo de la Paciencia se quebró y tuvieron que dejar todo listo para abandonar la pequeña balsa de hielo triangular que ahora los aguantaba. Shackleton tenía todo preparado en caso de tener que evacuar rápidamente y estaba decidido hacer el intento por llegar a la isla Decepción. El 9 de abril a la una de la tarde se lanzaron los botes al mar, Shackleton iba al mando del James Caird, Frank Worsley el Dudley Docker y Huberht Hudson del Stancomb Wills pero como su estado mental no era el adecuado Tom Crean fue quien finalmente se hizo cargo de la pequeña embarcación. El viaje fue en condiciones totalmente extremas con temperaturas bajo los -30ºC, abriéndose paso entre los témpanos de hielo y acampando sobre algunos de ellos esperando mejores condiciones. Una vez más Shackleton dudaba sobre los destinos inicialmente seleccionados y el 12 de abril se decide por tratar de alcanzar bahía Esperanza pero el viaje estaba mermando seriamente las energías de sus hombres, ya quedaba muy poca comida así que Shackleton toma una decisión práctica y decide alcanzar el refugio más cercano que tenían, la isla Elefante. El 14 de abril alcanzaban la costa sureste de la isla Elefante pero no era posible desembarcar porque ésta estaba compuesta por acantilados, las embarcaciones rodearon la isla donde finalmente se instalaron en la costa norte en un lugar que bautizaron como Point Wild.

La isla Elefante era un lugar totalmente inhóspito, deshabitado y visitado muy raramente por balleneros, si los expedicionarios querían volver a la civilización tendrían que salir a buscar ayuda y la única manera de hacer eso era adaptando uno de sus botes salvavidas para hacer la travesía hasta la isla Georgia del Sur que se encontraba a 1.300 kilómetros de viaje por el océano austral. Ya no era opción el viaje a isla Decepción y a pesar que Tierra del Fuego y las Malvinas estaban más cerca, la navegación hasta ahí tendría que ser a través de uno de los mares más bravos del planeta en pleno invierno. Shackleton le dio la orden a Harry McNish, el carpintero, de adaptar el James Caird para la nueva travesía. Se le adosaron maderas para levantar la borda, se le adosó una cubierta de lona y se reforzó la quilla con el mástil de uno de los botes. En isla Elefante quedaría a cargo Frank Wild con instrucciones de viajar a isla Decepción al llegar la primavera. Shackleton seleccionó personalmente a la tripulación que lo acompañaría en el viaje del James Caird a Georgia del Sur. Junto a él irían Worsley como navegante, McNish, John Vincent, Crean y Timothy McCarthy. Alcanzar Georgia del Sur dependía exclusivamente de la pericia de Worsley en la navegación, la cual se basaría en observaciones hechas en las condiciones más adversas. Apenas empezado el viaje el grueso mar había formado una capa de hielo sobre la cubierta del bote haciendo más lento su andar, los vientos huracanados exigían al máximo a los navegantes. El 5 de mayo un vendaval casi destruye la frágil embarcación, Shackleton describiría ese episodio como “las olas mayores que había visto en veintiséis años en el mar”. El viaje de 14 días por el grueso mar terminaría el 8 de mayo cuando avistaron su destino y luego de dos días de lucha contra los vientos huracanados, lograron desembarcar en bahía Rey Haakon con la tripulación totalmente agotada. Una vez en tierra, la única opción de alcanzar el campamento ballenero de Stromness era realizando una travesía de a pie por el inexplorado interior de la isla. Luego de un corto descanso de cinco días Shackleton, Worsley y Crean iniciarían, sin mapa, la travesía por la isla Georgia del Sur con destino al campamento ballenero de Stromness. Sin descanso, caminando día y noche fueron cruzando las cadenas montañosas y al amanecer del tercer día de caminata, oyeron el silbato de vapor de la estación ballenera, ése era “el primero sonido creado por el hombre fuera de ellos, que llegaba a sus oídos desde su salida de bahía Stromness en diciembre de 1914. Quedaba lo último y después de completar un arriesgado descenso por una cascada helada, por fin llegaron a tener contacto con seres humanos. Shackleton que no era un hombre religioso, más tarde escribiría que “no tengo duda que la providencia nos ha guiado […] Yo sé que durante aquella larga y terrible marcha de treinta y seis horas sobre montañas y glaciares sin nombre, a menudo me parecía que éramos cuatro y no tres”.

Al llegar a Stromness, lo primero que hizo Shackleton fue pedir el rescate de sus tres compañeros que habían quedado en el otro extremo de la isla, en breve se envió un ballenero a rodear la isla con Worsley a bordo para señalar el camino, en pocos días los seis miembros de la tripulación del James Caird habían llegado a lugar seguro. Esta era sólo una primera parte, ahora faltaba volver por el resto de los náufragos esperando que todos se encontraran con vida. La tarea no sería fácil considerando que los mares australes son los más bravos del mundo.

Para que finalmente Shackleton volviera a la isla Elefante a buscar a su tripulación, hicieron falta cuatro intentos, el último de ellos a bordo del escampavía Yelcho de la Armada de Chile al mando del Piloto Segundo Luis Pardo Villalón, y este 30 de agosto se cumplieron 100 años de la llegada de la Yelcho a la Isla Elefante en una de las operaciones de rescate más memorables de la historia naval mundial. En la próxima columna hablaremos de los tres intentos fallidos de rescate y por supuesto de la heroica participación del Piloto Pardo y su tripulación, quienes en un barco poco adecuado para navegar en aguas antárticas, lograron esquivar témpanos y días de muy baja visibilidad para lograr rescatar a los náufragos.

Rod Sánchez – Instructor de Buceo – IDC Staff Instructor #318745

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Imperial Trans-Antarctic Expedition 1914-17

Imperial Trans-Antarctic Expedition 1914-17

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